¿Sabías que los tatuajes tienen decenas de miles de años?
Nadie lo sabe con certeza, pero según algunos historiadores los primeros tatuajes se remontan a unos 14.000 años antes de nuestra era. La palabra «tatuaje» viene del tahitiano tatu, que significa «dibujar». Una de las momias tatuadas más antiguas que conocemos se encontró a principios de los años noventa en los Alpes de Ötztal: aquel hombre, al que después llamaron Ötzi, llevaba unos sesenta tatuajes repartidos por el cuerpo. Vivió hace más de 5.300 años y el hielo lo conservó de forma excepcional. También en Egipto se han encontrado momias con tatuajes bien visibles.
James Cook descubrió más que Nueva Zelanda
Cuando en el siglo XVIII el explorador James Cook llegó a Nueva Zelanda, se llevó una sorpresa: la población local estaba completamente tatuada, algo que en Europa casi no se veía. En su país solo se marcaba a delincuentes y esclavos, lo que daba a esta práctica un significado negativo. Para los maoríes era justo lo contrario: los tatuajes tenían un valor ceremonial y simbólico, contaban momentos importantes de la vida de una persona y eran un signo de estatus. También la forma de hacerlos era distinta de la de hoy: los maoríes incidían la piel con herramientas afiladas y rellenaban los cortes con ceniza. Cuando la piel curaba quedaban motivos oscuros y profundos.
Los marineros abrieron el camino
A finales del siglo XIX se desarrolló la primera máquina de tatuar: desde ese momento los tatuajes se podían hacer más rápido, con más precisión y con menos dolor. Así se volvieron cada vez más populares, sobre todo en la alta sociedad de ciudades como Nueva York y Londres. Como la técnica era nueva y cara, en aquella época los tatuajes eran casi un privilegio de los más pudientes. Muchas señoras acomodadas elegían diseños simbólicos: signos religiosos, flores y animales concretos, o nombres y fechas con un significado especial.
Los años sesenta y setenta
Después de los años cincuenta, ordenados y sobrios, en los sesenta empezó una época en la que la libertad estaba en el centro de todo. La gente seguía su propio camino y el tatuaje se convirtió en una manera de subrayarlo. En los setenta el tatuaje pasó a ser algo cotidiano: los precios bajaron y los estudios abrieron por todas partes. Hoy los tatuajes están muy extendidos, sobre todo entre los más jóvenes.
Los tatuajes hoy
Hoy apenas quedan tabúes alrededor de los tatuajes. Los diseños clásicos siguen gustando: animales, plantas, mandalas y frases personales. Cada vez vemos más tatuajes en manos, pies y dedos. Los de la cara siguen siendo para mucha gente un paso demasiado largo, aunque de vez en cuando te encuentras alguno.

